Introducción a la Gnosis

El autoconocimiento y la búsqueda de la felicidad

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El autoconocimiento y la búsqueda de la felicidad

Vivimos en una época singular. Tenemos más acceso a la información que cualquier otra civilización en la historia y, sin embargo, parece que caminamos sobre aguas superficiales.

Nos movemos con velocidad, pero sin profundidad; consumimos datos, pero rara vez somos tocados por la sabiduría. Esta modernidad fluida, donde todo es momentáneo y nada parece echar raíces, nos deja una sensación extraña de cansancio en el alma, un vacío que ninguna pantalla u objeto logra llenar.

El gran espejismo del “cuándo”

Muchos de nosotros pasamos la vida entera esperando que algo suceda para entonces mejorar la vida. Creemos que nuestra felicidad depende de un cambio en el escenario externo. Pensamos: “seré feliz cuando cambie de trabajo”, o “cuando la economía mejore”, “cuando compre un celular nuevo”…

Depositamos la llave de nuestra felicidad en el bolsillo del mundo. El problema es que el mundo es inestable e impredecible, y el ser humano, naturalmente insatisfecho, descontento. Al condicionar nuestro bienestar a factores que no controlamos, nos volvemos esclavos de las circunstancias o peor: esclavos de nuestras expectactivas acerca de las circunstancias.

Y aunque las cosas sucedan exactamente como deseamos, pronto surge otra cosa que imaginamos que aún necesita pasar para que, ahora sí, encontremos la felicidad. Esto es semejante al que piensa que el espejo debe cambiar para que su reflejo mejore, olvidando que el origen de la imagen está en nosotros…

La felicidad como un efecto de la lucidez

Necesitamos comprender que la felicidad no es una meta a alcanzar, ni un premio por buen comportamiento. Es el efecto natural de lo que llamamos Gnosis, que es la conexión con nuestra propia fuente interna, primordial, donde existe paz, libertad y sabiduría. Pero, ¿cómo acceder a ese estado en medio del caos cotidiano?

Si estamos conectados a la fuente primordial, que es nuestra verdadera naturaleza, suceden muchas cosas extraordinarias:

Muchas veces, no sufrimos por lo que pasa, sino por la forma en que nuestra mente interpreta lo que pasa. 

El miedo nos hace huir de lo que es necesario enfrentar. El deseo y la insatisfacción nos hacen perseguir sombras que nunca nos satisfacen plenamente… correr tras esas proyecciones es como intentar calmar la sed bebiendo agua de mar.

Cuando estamos lúcidos, empezamos a ver las rejas de esas prisiones. Percibimos cómo el ego crea narrativas que nos alejan de la paz. En el instante en que esas construcciones son identificadas y comprendidas, pierden su fuerza sobre nosotros.

La felicidad, entonces, florece como la quietude de un lago cuando el viento deja de agitar sus aguas.

El papel de las Escuelas de Misterios

Este camino de retorno a uno mismo no es algo que se hace a ciegas. A lo largo de los siglos, siempre existieron lugares dedicados al estudio de la naturaleza humana: son las Escuelas de Misterios o Escuelas Iniciáticas, porque pretenden iniciar a los estudiantes en los misterios de la naturaleza de Dios, de esa potencia que se oculta en las profundidades de nuestra propia naturaleza.

En estos lugares, sin importar la época, el país o el idioma, siempre se estudió el sentido profundo de la existencia y las chaves que pueden ayudar a despertar nuestra verdadera naturaleza, la cual, por defecto, siempre estuvo sumergida en un sueño profundo, mientras vive su vida diaria, atrapada en todos los eventos y compromisos cotidianos.

Quizás sea necesario comprender un poco más sobre estas tradiciones, para que podamos darnos cuenta de que hay un mensaje que ecoa en todas ellas, no importando en qué época o latitud ellas existieron… vamos por este camino en el próximo artículo.

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