La Doctrina del Fuego y de la Luz
Cuando comprendemos los misterios gnósticos, entendemos que la Gnosis es la ciencia secreta del Fuego y de la Luz.
Fue traída a la Tierra por Sanat Kumara, hace millones de años, con una comitiva de 27 Kumaras más, estableciendo el Sagrado Colegio de Iniciados en nuestro planeta, justo en el momento en que la humanidad pasaba por la división de los sexos, a la que le sucedió la caída y la degeneración de la raza humana, en la antigua Lemuria.
Esta es una de las razones por las que esta doctrina recibe el nombre de Gnosis (conocimiento): el fruto del Árbol del Conocimiento del bien y del mal, que estaba en el centro del Jardín del Edén, era lo que tenía el poder de “abrir los ojos”. Cuando la humanidad comió del fruto del conocimiento (simbolizado por la manzana, “pirus malus” en latín, “fuego malo”), el precio fue ser expulsado de la condición paradisíaca y ser lanzado al ciclo de existencias cíclicas (Samsara).
Con la caída, se inicia el viaje de descenso y contacto con la fragilidad de la naturaleza humana, produciendo la degeneración. Y es de esa degeneración de donde se abre la posibilidad de la trascendencia de nuestra condición, a través del despertar, la purificación y la regeneración, llevándonos de vuelta a nuestro lugar de derecho, con la Antorcha de la Verdad conquistada, extrayendo del fuego del sufrimiento, la luz del discernimiento.
Cuando creamos un núcleo de fuerza interior por medio de las duras batallas en los abismos de nuestra naturaleza más instintiva, transformamos el fuego de nuestras pasiones y miedos en la luz de la sabiduría, que nos guiará de vuelta a la presencia de nuestra Fuente, nuestro Ser Real interior.
Por ello, Jung, como estudiante del gnosticismo y amante de la sabiduría, escribió: “El hombre que no atraviesa el infierno de sus pasiones tampoco las supera.”
El Camino Gnóstico se recorre entrando en contacto con los abismos de nuestro caos interior, con todas las dimensiones del tormento humano, que se expresan como pasión, apego, violencia, miedo, indolencia, vanidad, ignorancia, etc.
Y una vez en contacto con su naturaleza más cruda, ser capaz de no dejarse esclavizar por ella, robando la luz escondida en el fuego de la aflicción, liberándose del dominio de la propia naturaleza humana.
Por eso la Gnosis es un conocimiento extremadamente adaptado y pertinente para los días de hoy: porque no busca aislarse del mundo para encontrar la espiritualidad, sino todo lo contrario: busca hacer que la verdad sobre nuestra naturaleza, tanto lo positivo como lo negativo, emerja de las experiencias de la vida, así como el aceite es extraído de la semilla con mucha presión e ingenio.
A fin de realizar este trabajo, el aspirante a la Gnosis necesita entender que su naturaleza está formada por los elementos de la naturaleza, que gritan a cada momento: “Descíframe o te devoro”.
Es por medio de la organización de sus elementos internos: el fuego, el aire, el agua y la tierra, que el iniciado va a formar la cruz que un día ha de sacrificar su naturaleza humana, para que resucite la divina y haga aparecer la quintaesencia, representada por el quinto elemento, el éter, cuyo objetivo de esta quinta raza es conquistar, mediante la práctica del Quinto Evangelio, entre por el Quinto de los Siete: Samael Aun Weor.
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Cuerpo, Alma y Espíritu de la Gnosis