Hubo un tiempo en el que el conocimiento humano no estaba fragmentado como lo está hoy. En las Escuelas de Misterios de la antigüedad, no existía una frontera rígida que separara la ciencia, la filosofía, el arte y la espiritualidad. Y esto tiene una razón, que es pertinente para que entendamos el sentido del trabajo interior.
En la antigüedad, tanto en oriente como en occidente, el lugar de producción de conocimiento eran las Escuelas de Misterios o Escuelas Iniciáticas. Sus sabios comprendían la vida como una batalla constante entre dos fuerzas opuestas: el orden y el caos.
De un lado, está el orden, que produce armonía, belleza y hace florecer la vida. Del otro, el caos, que trae como resultado la destrucción, la enfermedad y la muerte.

En todos los mitos antiguos, el bien y el mal son retratados como Orden (Cosmos) y Caos
El orden se percibía en toda la creación y estaba hecho de leyes que establecían ritmo, armonía y previsibilidad. Por eso, los antiguos sabios estudiaban las leyes de la física, las matemáticas, la música, la astronomía y la fisiología como formas de entender estas leyes que, en síntesis, eran la expresión de Dios en la naturaleza.
Sin embargo, más que simplemente entender a Dios, los antiguos querían entrar en resonancia con estas leyes, vivir de acuerdo con ellas, pues comprendían que esto se traducía en progreso, salud y prosperidad.
La civilización, para los egipcios, era la representación de esta armonía reflejada en la producción humana, mientras que el desierto, con su aridez típica, era la representación de la ausencia de orden (cosmos), que producía el sufrimiento y la muerte.
Y aquí viene lo más importante: para los antiguos, el conocimiento de uno mismo era considerado el más importante de todos los conocimientos, porque significaba producir orden en nuestro mundo interior y aprender a vivir en integración con los principios eternos que también palpitan dentro de nosotros.
Así que, conocer la armonía del universo es conocer al Creador, en todas las tradiciones antiguas, y reflejar esa armonía dentro de sí era lo que los sabios buscaban con todas sus fuerzas.
Uno de los símbolos más bellos de esa armonía viene del Antiguo Egipto: la Diosa Ma’at. Ella representaba la Verdad-Justicia y, sobre todo, el orden cósmico.
Ma’at tenía dos símbolos: la pluma de avestruz, que usaba en la cabeza, y el corazón humano, es decir, que la conciencia de los principios eternos ya existe adentro de cada persona.
Cuando la persona moría, era llevada al tribunal de Osiris, y allí, los dos símbolos de la Diosa de la Verdad-Justicia eran colocados en los dos platos de la balanza. Si la persona había vivido su vida de acuerdo con la verdad de su corazón, los platos se mantenían en equilibrio y la persona iba a los Campos de la Paz, los cielos egípcios. Si no hubiera vivido según la verdad de su corazón, la balanza se desequilibraba y la persona era devorada por el demonio Ammit.

El Tribunal de Osíris
Ellos sabían, sin embargo, que mientras el universo exterior sigue leyes perfectas de equilibrio, nuestro universo interior suele ser un campo de batalla. Dentro de nosotros, pensamientos contradictorios, emociones desordenadas e impulsos ciegos crean un estado de caos psicológico.
El autoconhecimento, por lo tanto, era visto como el arte sagrado de traer la armonía de las estrellas dentro de nuestra propia conciencia. Esta “batalla” entre el orden y el caos no era una guerra contra un enemigo externo, sino el esfuerzo lúcido de organizar nuestro mundo interno para que pudiera reflejar la luz de nuestra verdadera naturaleza.
En otras culturas, la realización de esa armonía interior recibía otros nombres, pero siempre con el mismo significado: en la India, era la realización de Atman, siguiendo la Ley inmutable, el Dharma; en China, el camino de integración con el Tao. Nosotros llamamos a esa misma realización Gnosis, o el camino que lleva a la fusión con nuestro Real Ser Interno, es decir, nuestra verdadera naturaleza, fuente de sabiduría, armonía, paz y felicidad.
La Gnosis que estudiamos hoy es un rescate del conocimiento de las antiguas tradiciones, con el propósito de decodificar los símbolos del pasado, para traerlos al campo de la experiencia práctica, vivencial.
En el próximo artículo, vamos a contextualizar la Gnosis a partir de las palabras del Maestro de Maestros…
El Reino de Dios y los Misterios Antiguos