Paracelso, el gran maestro alquimista del siglo XVI, fue un gran médico, un gran alquimista y, además, un gran filósofo. Sus enseñanzas siguen siendo relevantes siglos después, cuando la mayoría de sus contemporáneos ya no son más que nombres en los libros de historia.
Entre todos sus aportes, hay uno que permanece casi completamente desconocido fuera de los círculos iniciáticos: su clasificación de las causas de las enfermedades. Así que esta enseñanza es como un mapa filosófico del sufrimiento humano. Un mapa que, una vez comprendido, nos permite comprender los caminos que un terapeuta o médico gnóstico debe de utilizar para tratar a los enfermos.
El V.M. Samael escribió acerca de esta clasificación en su obra Medicina Oculta, obra esta que recibió la revisión del propio Paracelso en los mundos internos.
Todas las citas a seguir son del libro Tratado de Medicina Oculta y Magia Práctica, del V.M. Samael.
Así que, a partir de estas dos referencias sobre el tema, empezamos.
Cinco causas, en tres dimensiones
Dice el Maestro Paracelso: “Todas las enfermedades tienen su principio en alguna de las tres sustancias: sal, azufre y mercurio, lo cual quiere decir, que pueden tener su origen en el mundo de la materia (simbolizado por la sal), en la esfera del alma (simbolizado por el azufre), o en el reino de la mente (simbolizado por el mercurio)”.
Paracelso identificó cinco causas de las enfermedades. Pero cada una de esas cinco causas opera en tres dimensiones distintas del ser humano:
- la dimensión material (representada por la sal en lenguaje alquímico)
- la dimensión energética (representada por el azufre) y
- la dimensión psíquica (representada por el mercurio).
Esto nos da, en la práctica, no cinco sino quince modos de enfermar. Quince puertas por las que el desequilibrio puede entrar en la vida de una persona.
La sal es el principio material, lo denso, lo corporal. En el ser humano, la sal es el organismo biológico: los tejidos, los órganos, la sangre, los huesos. Es la dimensión en que la enfermedad se hace visible.
El azufre es el principio energético, la fuerza que anima la materia. En algunas tradiciones, lo llaman fuerza vital, esa presencia invisible que distingue a un ser vivo de un cadáver. La materia sin azufre es apenas estructura; con azufre, es vida. Es la dimensión en que la enfermedad se hace sentir antes de hacerse visible.
El mercurio es el principio psíquico: la inteligencia, la conciencia, el ánima. Eligieron la imagen del mercurio porque es el único metal líquido en temperatura ambiente, extremadamente volátil, imposible de apresar. La mente humana funciona exactamente así: en un instante está aquí, y al instante siguiente ya está en otro lugar, en otra dimensión del tiempo. El mercurio es la dimensión en que la enfermedad tiene su raíz más profunda.
Sin embargo, para comprender las causas de las enfermedades, no debemos tomar a estos tres principios de una forma literal, sino en una dinámica entre ellas. Así tenemos:
- La sal representa no solo a la materia, pero también a todo aspecto más grosero o externo;
- El azufre representa no solo a la energía y la fuerza vital, pero también a todo lo que hace el puente entre el denso y el sutil; y
- El mercurio representa no solo a la parte psicológica, sino también a todo lo que es más sutil o interno.
Externo, interno y más interno (secreto). Esta es la división más antigua y consagrada de todas las tradiciones iniciáticas.
Didácticamente vamos a utilizar los siguientes términos para estudar a estos tres aspectos:
- La sal: el aspecto más grosero, denso o externo de cada causa;
- El azufre: el aspecto más relacionado a la energía o a la parte intermedia;
- El mercúrio: el aspecto más interno, más profundo de cada causa.
Pero antes de estudiar las causas, vamos a analizar lo que nos mantiene sanos.
La armonía cómo el origen de la salud
Si el cuerpo, el alma y la mente están en perfecta armonía entre sí, no hay peligro de discordancias perjudiciales, pero si se origina una causa de discordia en uno de estos tres planos, la desarmonía se comunica a los demás.
La proposición central acá es sencilla y radical al mismo tiempo: cuando el cuerpo, la energía y la mente están en armonía, la enfermedad no existe. El ser humano que habita plenamente las tres dimensiones de su naturaleza no enferma, no en el sentido profundo de la palabra. La enfermedad aparece cuando una de esas tres relaciones se desarmoniza o se rompe, cuando algo interrumpe el flujo entre la materia, la energía y la conciencia.
La armonía tiene origen en la integración con la Ley
El GLORIAN es la ley y es la raíz incógnita del hombre.
El GLORIAN es el SER del SER.
El GLORIAN es la ley dentro de nosotros.
Cuando el hombre obedece a la ley, no puede enfermarse; la enfermedad viene de la desobediencia a la ley. Cuando los siete cuerpos, como si fuesen siete YOES quieren actuar separadamente, el resultado es la enfermedad.
Los cuerpos físico y vital deben obedecer al alma; el alma debe obedecer al ÍNTIMO, y el ÍNTIMO debe obedecer al GLORIAN. Cuerpo, alma y espíritu, deben convertirse en un universo purísimo y perfecto a través del cual pueda expresarse la majestad del GLORIAN.
El Glorian es, segundo el V.M. Samael, la Tríada Divina: Kether (Padre), Chockmah (Hijo) y Binah (Espírito Santo). Ellos constituyen la Ley adentro de nosotros, o sea:
- El átomo del Padre se manifiesta como Sonido o Vibración y es lo que genera la materia, que necesita vibrar en su frecuencia adecuada para no enfermar;
- El átomo del Hijo se manifiesta como Luz y es lo que genera nuestra consciencia, y para no enfermar, el ser humano necesita vivir de acuerdo con su verdad, con sus principios, del contrario en algún momento entra en contradicción interna y eso produce una tensión que puede resultar en muchas enfermedades;
- El átomo del Espíritu Santo se manifiesta como Calor o Energía y es lo que nos da la energía que nos permite la regeneración. Si no aprendemos a relacionarnos con nuestra energía, en algún momento eso nos hace enfermar.
Así que la Ley que nos rige está adentro de nosotros, nuestra Ma’at, el Tao chino, el Dharma hindú, la Gnosis misma, ahí están los fundamentos del Cosmos interior. Vivir de acuerdo con ellos hace imposible enfermarse.
Cuando todos los actos de nuestra vida cotidiana, hasta los más insignificantes, sean la expresión viviente del GLORIAN en nosotros, entonces ya no volveremos a enfermarnos.
Sí el ser humano está integrado a los principios de su propia naturaleza y vive en sintonía con ellos, va a tener una existencia llena de esplendor y salud.
Con ese principio como base, podemos entrar en las cinco causas.
Primera Causa: Ens Astrale
Para entender la “entidad astral”, necesitamos antes comprender a la Luz Astral.
Así como el aire es el vehículo por el que se propaga el sonido y las partículas físicas, la Luz Astral es el vehículo por el que se propagan las energías, pensamientos, emociones, o sea, todo lo que no es físico y pertenece al campo psíquico individual y colectivo.
Todo lo que un ser humano siente, piensa o desea se propaga por la Luz Astral. Y todo lo que existe en ese campo puede, en determinadas condiciones, conectarse con una persona, para bien o para mal.
La primera causa de enfermedad, el Ens Astrale, es precisamente el desequilibrio generado por la acción de las energías densas que viajan por la luz astral y que se cristalizan como larvas astrales, que se agregan al ser humano y le hacen debilitar y enfermarse, pues se nutren de su energía vital.
Ahora vamos a desdoblar en las tres dimensiones de esta causa.
El aspecto grosero (la sal): larvas astrales, enfermedades y epidemias
La luz astral es la base de todas las enfermedades y la fuente de toda vida. Toda enfermedad, toda epidemia tiene sus larvas astrales, que, al coagularse en el organismo humano, producen la enfermedad.
Además de las epidemias, las larvas astrales poseen gran afinidad con todo lo que está en entropía o desorden, ya sea la basura, la suciedad, la putrefacción, etc.
Este aspecto de las larvas astrales tiene una expresión física en lo que hoy conocemos como los patógenos: bacterias, hongos, virus, parásitos.
La sanación depende en gran parte de cambiar la vibración, haciendo un cambio en el terreno biológico y energético, por medio de limpiezas del cuerpo físico y de los cuerpos sutiles. Libre de las larvas astrales, los patógenos pueden ser eliminados con más facilidad, pues ya no tienen su afinidad vibracional en el organismo.
En el templo de Alden, los Maestros sientan a sus enfermos en un sillón, bajo luz amarilla, azul y roja. Estos tres colores primarios sirven para hacer visibles en el cuerpo astral las larvas de la enfermedad.
Después de que los Maestros extraen estas larvas del cuerpo astral del paciente, tratan este organismo con innumerables medicamentos.
Sano ya el cuerpo astral, el cuerpo físico sanará matemáticamente, porque antes de que enfermasen los átomos físicos de un órgano, enferman los átomos “internos” del mismo órgano. Curada la causa, curase el efecto.
Hay muchas prácticas que el médico o terapeuta gnóstico conoce para ayudar el enfermo a sanar más rápido, y que son utilizadas junto con el tratamiento convencional, ya sea con remedios de la botica o de la naturaleza. Eston son:
- Higiene personal, de la habitación y de la casa (todo limpio, «manteniendo el ambiente aireado);
- Baños de plantas y sahumerios, para eliminar las energías densas y larvas astrales;
- Músicas armoniosas, diálogos armoniosos, todo lo que eleve el espíritu.
Además de todo esto, mantenerse libre de larvas requiere evitar determinados lugares, hacer en diario las protecciones y la manutención de un ambiente físico e interno que tenga baja afinidad con las energías negativas.
El aspecto intermedio (azufre): la contaminación psicológica
Debemos evitar el trato con personas malvadas, pues esas personas son centros de infección astral.
Mantener un espacio psicológico propicio a la expresión de la fuerza vital depende también de evitar nivelarse con personas que no comparten con nuestra búsqueda espiritual, ya que el ser humano muy fácilmente se deja contaminar por conducta gregaria.
Paracelso lo declara en las siete reglas para el desarrollo espiritual que debemos:
“Huir como de la peste de toda ocasión de tratar a personas maldicientes, viciosas, ruines, murmuradoras, indolentes, chismosas, vanidosas o vulgares e inferiores por natural bajeza de entendimiento o por tópicos sensualistas que forman la base de sus discursos u ocupaciones.”
Si no podemos huir, por lo menos que seamos capaces de no dejarnos influenciar.
El aspecto sutil (mercurio): el estado de ánimo
La parte más sutil del Ens Astrale tiene que ver con la manera como nosotros mismos, por nuestros estados negativos, entramos en resonancia con energías más densas y nos contaminamos, trayendo así, muchas enfermedades psicológicas y físicas.
Cómo dice el V.M. Samael en una cátedra:
Es claro que el Ego mete el veneno de sus morbosidades y podredumbres, dentro de los órganos y los destruye, he ahí el origen de las enfermedades. Las gentes quieren una panacea para curarse, pero en tanto tengan el Ego vivo, vivirán enfermos.
El V.M. Paracelso amplia esto:
Desterrar absolutamente de tu ánimo, por más motivos que existan, toda idea de pesimismo, rencor, odio, tedio, tristeza, venganza y pobreza. (…)
Hay que olvidar toda ofensa, más aún: esfuérzate por pensar bien del mayor enemigo. Tu alma es un templo que no debe ser jamás profanado por el odio.
Segunda Causa: Ens Veneni
Para comprender los venenos como fuente de enfermedad, recorremos a tres grandes enseñanzas:
A Hipócrates, que dice que “la diferencia entre veneno y remedio es la dosis”.
El V.M. Samael, en su Tratado de Psicología Revolucionaria, que dice: “Recordemos que en esoterismo puro, bueno es todo lo que está en su lugar, malo es todo lo que está fuera de lugar.”
Y, de nuevo, a Paracelso, que dice que todo en la naturaleza, cuando está en su lugar correcto, no es veneno. Las cosas se vuelven dañinas cuando salen del lugar en que deberían estar.
El veneno de la serpiente no es veneno para ella misma. Lo que es dañino no es la sustancia en sí, sino la sustancia fuera del lugar adecuado.
Así, el Ens Veneni, o sea, la toxicidad que produce la enfermedad, se despliega con una amplitud que va mucho más allá de lo que habitualmente llamamos intoxicación. Y vamos a ver que el modo cómo el V.M. Samael lo nombra, “Ens Veneri”, es un modo particular del mismo Ens Veneni.
El aspecto grosero (la sal): las intoxicaciones físicas y sensoriales
En el plano material, el Ens Veneni abarca todas las formas de intoxicación física: metales pesados, alimentos procesados, agua cargada de sustancias ajenas al organismo, excesos nutricionales, radiación, y algo frecuentemente olvidado: la intoxicación sensorial: los ruidos, para polución de imágenes e informaciones al que el ser humano moderno está sometido de manera permanente, todo esto constituye una forma real de envenenamiento del sistema nervioso.
El organismo tiene una sabiduría dinámica: cuando un sentido es sometido a estímulos excesivos durante tiempo prolongado, comienza a reducir su sensibilidad. Pero, lo que parece adaptación es, en realidad, el inicio de una degradación.
El aspecto intermedio (azufre): la pérdida de la energía sexual
En el plano energético, el “Ens Veneni” se vuelve “Ens Veneri” y opera a través de la energía sexual cuando está afuera de su lugar.
Cuando el semen cae fuera de la matriz, fórmanse con sus sales en corrupción ciertos parásitos, los cuales se adhieren al cuerpo astral de quien los engendró, absorbiendo de esta manera la vida de su progenitor.
Los hombres masturbadores engendran “súcubos” y las mujeres masturbadoras engendran “íncubos”. Estas larvas incitan a sus progenitores a repetir incesantemente el acto que les dio vida. Tienen el mismo color del aire y por eso no se ven a simple vista. Remedio eficaz para librarse de ellas es llevar Flor de Azufre entre los zapatos. Los vapores etéricos del Azufre las desintegran.
Esta clase de larvas astrales formada específicamente por la pérdida de energía, por eso entra como una categoría distinta, porque es producida pela misma persona.
También está en esta categoría de enfermedad las contaminaciones kármicas resultantes del acto sexual, ya que por el sexo se unen los karmas.
El aspecto sutil (mercurio): los venenos del ego
Los valores positivos traen salud y dicha. Los valores negativos se materializan en enfermedades y amarguras. La viruela es el resultado del odio. El cáncer, de la fornicación. La mentira desfigura la figura humana engendrando hijos monstruosos. El egoísmo extremado produce la lepra. Se es ciego de nacimiento por pasadas crueldades. La tuberculosis es hija del ateísmo. Cada defecto humano, es pues, un veneno para el organismo.
En el plano psíquico, el Ens Veneni asume quizás su forma más sofisticada: los estados emocionales habituales que el propio organismo produce como respuesta a ciertos modos de ser en el mundo.
En una cátedra de Tercera Cámara, el V.M. Samael amplía con más detalles:
Si estamos enfermos del hígado, es porque la persona es iracunda, y hay que eliminar toda la serie de “yoes de la ira”.
Que otro hermano sufre de diabetes, no basta que tome insulina, no, tiene que eliminar la causa de los “yoes de la ira” para que mejore, porque de otra manera muere. Si se acaba con la glotonería, se acaba con la diabetes y habría que eliminar también, para que ese páncreas trabaje bien, todos los “yoes” que causan alteraciones nerviosas: miedo, amor propio, que producen sobresaltos en el sistema nervioso. El estado de depresión o de dolor puede alterar el sistema nervioso y producir enfermedades como diabetes, hay que eliminar los “yoes de la ira”, del miedo, amor propio.
El estado de depresión altera el sistema nervioso. Las emociones negativas, si uno elimina el amor propio, la ira, los celos, el escepticismo, la intolerancia, obviamente va eliminando las causas que dañan al cuerpo.
El escepticismo produce lesiones al cerebro. La intolerancia que hace reaccionar al sistema que no está de acuerdo a su intolerancia, el sistema nervioso es como un instrumento musical y si es alterado, viene la enfermedad.
Si no tuviéramos Ego, las enfermedades dejarían de existir en el organismo humano, si no tuviéramos Ego y elimináramos todos los elementos que llevamos en nuestro interior, dejarían de existir las enfermedades que padece el organismo humano.
Sucede que cada yo psicológico, siempre que se manifiesta, deja el organismo impregnado de determinadas substancias intoxicantes que llamamos de energías venenoskirianas. Son energías que tienen afinidad con determinadas capas del abismo, según las características de este yo y esto es causa de muchas enfermedades.
Tercera Causa: Ens Spirituale
La causa espiritual de las enfermedades, en la terminología del V.M. Paracelso, tiene que ver con la acción de los elementos de la naturaleza, o mejor dicho, de los principios inteligentes que están por detrás de los elementos, lo que en esoterismo llamamos de tattwas.
Los Tattwas son las vibraciones etéricas que originan a los elementos. Existen siete tattwas:
- Prithvi, el tatwa de la tierra
- Apas, el tatwa del agua
- Tejas, el tatwa del fuego
- Vayú, el tatwa del aire
- Akasha, el tatwa del éter
- Adi y Samadhi, los dos tattwas de orden superior, conocidos por pocos.
Al hablar de los Tattvas, que son criaturas elementales de los vegetales, advertimos que pueden ser utilizados por los magos negros para causar daño a sus enemigos. Cada vegetal es un extracto Táttvico.
Es decir, la fuerza de los elementos de la naturaleza nos puede hacer enfermar, así como nos puede ayudar a sanar.
Todas las grandes tradiciones médicas antiguas, la china, la ayurvédica, la hipocrática, la tibetana, así como las tradiciones indígenas y la medicina popular, todas comprenden que los elementos de la naturaleza son fuerzas activas con patrones propios de manifestación, y el ser humano, que también está compuesto por esos elementos, está en relación permanente con ellos. Cuando esa relación se desequilibra, aparece la enfermedad.
El aspecto grosero (la sal): enfermedad por calor, frío, secura o humedad
En su dimensión material, el Ens Spirituale opera por exposición excesiva a las condiciones elementales: el calor o el frío extremos sostenidos en el tiempo, la humedad o la secura prolongadas.
Acá hay que aplicar la lógica y el sentido común para no exponerse a las fuerzas extremadas de la naturaleza, equilibrando el elemento exterior con inteligencia.
El aspecto intermedio (azufre): la magia negra y las maldiciones
En su dimensión energética, el Ens Spirituale abarca lo que las tradiciones han llamado el mal de ojo, las maldiciones y los trabajos de magia negra. Los elementales de la naturaleza por inocencia ejecutan lo que se les ordena hacer.
Una persona que proyecta hacia otra un pensamiento o emoción negativa de forma muy intensa puede interferir o afectar el campo energético de esa otra persona. No siempre es intencional. Muchas veces es inconsciente. Pero el daño ocurre y se genera un karma terrible con esto.
Cómo protegerse de este tipo de situación:
- Tener una actitud mental de fortaleza para no ser susceptible;
- Talismanes y trabajos teúrgicos de protección.
El aspecto sutil (mercurio): los desequilibrios de los elementales atómicos
Así como los elementales en la naturaleza pueden agitarse y causar enfermedades, del mismo modo, los elementales atómicos también pueden agitarse y producir desequilibrios en la parte psicológica o biológica.
Cuando una persona queda atrapada de manera crónica en el patrón de un elemento, ya sea porque no pasó en una prueba iniciática, ingresa en un aspecto de la experiencia interior que, en la psicología iniciática se dice que está viviendo en el infierno de este elemento, ya sea por exceso de su energía o por escasez.
Hay que aclarar que los infiernos de los elementos son diferentes a las pruebas de los elementos. Una prueba es puntual: la vida coloca a la persona en una situación límite, el elemento se activa con intensidad, y la persona debe atravesarlo con conciencia. Si lo hace, el infierno se convierte en elixir, en fuerza interior, dominio de sí, en la capacidad de habitar ese territorio con destreza y de acompañar a otros cuando pasen por él. Pero si la persona no logra atravesarlo, si se queda dentro, la prueba se convierte en infierno permanente. Y en ese infierno permanente, el organismo enferma.
Para salir del infierno de un elemento, están los trabajos alta magia combinados con un trabajo serio sobre sí mismo, con mucha paciencia y tenacidad.
Cuarta Causa: Ens Naturae
La naturaleza tiene ritmos. Ritmos de expansión y contracción, de actividad y reposo, de acumulación y gasto. El ser vivo que vive en sincronía con esos ritmos tiene acceso a una fuente de renovación permanente. El que los viola, acumula deuda.
El Ens Naturae es la causa de enfermedad que se origina en la violación de los ritmos naturales de la vida. Lo que los sabios chinos observaban a través de los flujos de la naturaleza era el Tao del Cielo y el Tao de la Tierra, y por medio de ellos, encontrar el Tao del Hombre, es decir, el hombre viviendo bajo la manera más natural e espontánea, de acuerdo a su propia naturaleza.
Pero para comprender las causas naturales, hay que observar que no estamos hablando solamente de la parte física. La constitución del ser humano es septenaria y cada cuerpo tiene sus flujos y ritmos y se puede enfermar la parte psicológica, aunque la parte biológica esté muy sana. Y si un cuerpo sutil se enferma, inevitablemente el físico en algún momento ha de enfermarse también.
El aspecto grosero (la sal): el estilo de vida “moderno”
En su dimensión material, el Ens Naturae es el más fácil de identificar: sedentarismo, alteraciones del ciclo circadiano, excesos o carencias nutricionales, deshidratación, alimentación demasiadamente procesada, poco descanso, mucho trabajo, mucho estrés, etc.
El organismo tiene una inteligencia dinámica que compensa, se adapta, busca equilibrio. Pero esa capacidad tiene límites. Cuando la acumulación de violaciones supera la capacidad de compensación, el desequilibrio se vuelve visible como enfermedad.
El aspecto intermedio (azufre): el agotamiento de los centros de la máquina humana
En su dimensión energética, el Ens Naturae opera a través de lo que tiene que ver con el capital vital de los centros de la máquina humana.
Cada uno de estos centros (intelectual, emocional, motor, instintivo y sexual) posee su capital vital y, como una batería, cada cual tiene una capacidad determinada, que necesita de intervalos de reposo para sostener su calidad de utilización.
Cuando usamos un centro de manera excesiva, sostenida, más allá de su capacidad de regeneración, dejando de lado sus ritmos de reposo y actividad, comenzamos a extraer de la reserva, disminuyendo su tiempo de vida. Y cuando la reserva se agota, los sistemas biológicos asociados a ese centro comienzan a degradarse.
El aspecto sutil (mercurio): las penas morales
En su dimensión más sutil, el Ens Naturae tiene que ver con la permanencia en estados emocionales traumáticos intensos, en que la persona los revive cada tanto, sin ser capaz de liberarse de ellos, ya sea porque los vive en la solitud, o quizás porque no cree ser justo soltarles, porque son penas que siente que necesita seguir arrastrando.
Por no encontrar una forma de digerir estos sufrimientos, la persona sigue en un estado de alerta constante, como si a cualquier momento volviera las causas de su sufrimiento y en esto estado genera muchos procesos inflamatorios que se agravan a lo largo del tiempo, debilitando las reservas vitales, conduciendo el organismo a expresar este agotamiento en forma de enfermedades que suelen ser muy graves.
Un trauma emocional profundo no desaparece. Si no es elaborado, si no encuentra un camino de integración, se distribuye a través de las capas del organismo y genera alteraciones fisiológicas reales. El cuerpo es la memoria que la mente no pudo sostener.
Hay momentos muy duros en la vida, que producen fuertes dolores en el alma. Pero la condición para recuperarse es ser capaz de, después que la situación pasó, permitirse seguir en frente, dejar ir el sufrimiento, del contrario el dolor se perpetua y pronto empieza a manifestarse en forma de enfermedades.
Para curarse de sus penas morales, hay muchas maneras, una de ellas es aprender a perdonar, al mismo tiempo que uno siente en perdón divino. Y para esto, los elementales de las rosas son verdaderos magos y nos pueden ayudar.
Quinta Causa: Ens Dei
La quinta causa es la más profunda y, en cierto sentido, la que engloba a todas las demás. Es la que el V.M. Paracelso llama Ens Dei: la causa divina, la causa kármica, la predisposición que la persona trae consigo desde antes de que su historia personal haya comenzado.
El karma es la fuerza soberana sobre todas las otras fuerzas que actúan sobre nuestra salud o enfermedad. Eso significa que los demás agentes o “ens” pueden influenciar si enfermamos o no, pero el modo de enfermarse depende más que nada de las predisposiciones que cargamos.
En este sentido, el karma coincide con lo que la biología moderna llama de epigenética, o sea, las predisposiciones genéticas que pueden o no ser activadas por hábitos, costumbres y condiciones del terreno.
Pero en esto también podemos distinguir tres niveles.
El aspecto grosero (la sal): la ley del destino (o ley de Talión)
Cuando se profundiza el tema del karma, se descubre que el tema tiene muchas capas. El karma como fuerza divina y consciente que rige los destinos no está disponible a las masas. Lo que la humanidad está sometida es un tipo más grosero de karma a que podríamos llamar de ley del Talión, porque se relaciona a acción y reacción, pura y simple.
El aspecto intermedio (azufre): el karma como aprendizaje del alma
Cuando una persona empieza un camino iniciático y empieza a cambiar el automatismo por la reflexión y la elección consciente de sus actos, entra en acción un segundo aspecto, que es el karma cómo medicina del alma.
Es decir, las circunstancias ya no necesitan estar exactamente bajo la rigidez de las repeticiones, sino que empieza a ocurrir eventos que no pertenecen a la mecánica usual, es decir, circunstancias nuevas, para estimular la construcción de valores, que al fin es de esto que se trata el karma: un mecanismo pedagógico para producción de cambios en la vida.
El aspecto sutil (mercurio): la ley de la katáncia
Es el tercer nivel del karma, más sutil y todavía más exigente, que es la actuación del karma como ley de liberación. Bajo esta ley están los Maestros, los grandes iniciados y los Dioses, pasando por procesos iniciáticos con el propósito de liberarse en definitivo del Samsara.
En síntesis
Esta enseñanza es un poderoso recurso para comprender el sufrimiento y sus orígenes.
| Causa | Externo | intermedio | Sutil |
|---|---|---|---|
| Ens Astrale | Larvas astrales | Malas influenzas | Estados negativos |
| Ens Veneni | Intoxicación | Íncubos, Súcubos | Venenos del ego |
| Ens Espirituale | Calor, frío, humedad, secura | Magia negra, maldiciones | Infierno de los elementos |
| Ens Naturae | Estilo de vida | Agotamiento de los centros | Las penas morales |
| Ens Dei | La ley de Talión | La ley del karma | La ley de la Katáncia |